26 marzo 2007

¡Venda! No Deje Que Sus Prejuicios Lo Dominen. (por Tomás Berriolo)





Quien más, quien menos, todos los vendedores hemos sido presa alguna vez de diversos prejuicios tontos, estereotipos de pensamiento, creencias y paradigmas que nos han hecho cometer enormes torpezas. ¿Cuántas veces hemos aceptado una idea sin tener conocimiento de los pormenores conceptuales, y la defendimos a capa y espada…hasta cometer el tremendo error que nos hizo recapacitar…o quedar en ridículo frente a un cliente?


“¿Todo tiempo pasado fue mejor?”

El subtítulo bien podría servirnos como ejemplo de una frase estereotipada y repetida casi hasta el hartazgo. ¿Será cierta? ¿nunca se la cuestionó? Veamos. Este no es mundo ni una época fáciles para vivir. No es un mundo amigable en el cual interactuar, pero…¿anteriormente las cosas eran mejores? Si respondemos sinceramente esta última pregunta, quizá advirtamos que durante el siglo XX hubo dos grandes guerras mundiales que dejaron millones de muertos, la Gran Depresión , el Holocausto, la guerra civil española, Corea, Vietnam, Malvinas…sin llegar a pormenorizar algunas de las calamidades ocurridas en varios de nuestros países.

No es tampoco un mundo fácil en el cual comprendernos y agradarnos entre las personas sea muy simple. Pero tenemos que vivir en él y al hacerlo, hay una persona con la que decididamente tendremos que convivir. Y esa persona, porsupuesto, es uno mismo. ¡Amiguémonos!


“Pobre gente, la demás”

¿Y qué pensamos del resto de la gente? ¿las consideramos sin juzgarlas a priori, o las calificamos aun sin disponer información ni conocimientos sobre ellos? ¿Qué pensamos del prospecto que está al otro lado de la línea telefónica,titubeante en sus respuestas, o tal vez comportándose demasiado frío o tajante?¿Será un tonto…o un insoportable? ¿Qué pensamos a priori del prospecto o cliente a quien estamos a punto de llamar a la puerta de su casa o de su oficina…y de quien tenemos solamente un par de datos superficiales?

¿Qué opinamos de ese señor desaliñado, con cara de “mala noche” que nos atiende sin demostrar demasiado interés? ¿No será el presidente de la empresa, o el CEO, o tal vez el propietario absoluto, multimillonario e indiferente respecto de su imagen? Precisamente por ser multimillonario, no tiene necesidad de “demostrar”nada.

Y sin embargo, algunas veces prejuzgamos: “Este hombre no es un buen prospecto”; “Este tío no tiene dinero ni para comprar un alfiler”; “Con esta persona no llegaremos a hacer trato”; “Esta señora tiene cara de ‘acidez estomacal’”; “El gerente seguro que es un ogro que me recibirá de muy mala manera”.

De tal forma, con esos preconceptos nos predisponemos a salir del paso lo antes posible, y no hacemos ningún esfuerzo por presentar nuestro producto o servicio como lo hacemos habitualmente ante otros auditorios, más formales, más simpáticos, más acordes con nuestro “mapa mental”. Tengan la plena seguridad de que fracasamos antes de comenzar; y que la semilla del fracaso en estas situaciones está dentro de nuestras cabezas.

Quien alguna vez ha transitado los jardines e instalaciones de Microsoft, en USA, se podrá haber cruzado unas cuantas veces con señores en bermudas y chanclas, rasgos orientales, habitualmente indios o paquistaníes, algunos con sus turbantes tradicionales, sin imaginarnos siquiera que estábamos frente a verdaderas eminencias en ciencias cibernéticas, cuyos honorarios anuales superan las siete cifras en dólares.

Mi hijo menor desempeña funciones técnico-comerciales en una empresa multinacional de primerísimo nivel, y la entrevista original la realizó - como corresponde - presentándose con un traje impecable, camisa y corbata de seda italiana (obviamente, MI mejor corbata…!!!) y zapatos nuevos brillosos como un espejo. El general manager le comentó, muy amablemente, que esa vestimenta no era necesaria, y que con ella quedaría “desenfocado” respecto del resto del personal, que concurre diariamente con vestimenta casual.

Hoy, cuando veo la indumentaria que utiliza para su trabajo habitual - salvo cuando debe viajar -, no estoy seguro si es un ejecutivo o el mandadero de la compañía!!! Su tarjeta de presentación dice algo así como: “Coordinador General del área de xx, para clientes corporativos de USA...!”.
Atención que no estoy promoviendo el descuido en la indumentaria ni la desprolijidad en la imagen. Usted es un profesional de las ventas, pero los clientes tienen todo el derecho de vestir y presentar la imagen que se les ocurra. Sencillamente nosotros no debemos juzgar a priori….¡y vender!

Como ejemplo de lo anterior, incluiré un desopilante relato que me fuera enviado por un amigo panameño, quien me comentó que la anécdota fuepublicada alguna vez en un magazine de una importante Asociación en los EE.UU., allá por el año 1999. No estoy seguro que el relato sea objetivo y absolutamente real, pero viene muy bien para graficar los conceptos anteriores. Entonces, como dirían en Italia, “E se non é vero, é ben trovato”.


“¡Estoy atrapada!”

Durante un fin de semana en el casino de un hotel de Atlantic City, una mujer ganó en las máquinas traga monedas una cubeta llena de monedas de veinticinco centavos de dólar. Decidió tomarse un descanso para ir a cenar con su esposo en el comedor del hotel, pero primero quiso guardar en su cuarto las cubetas con las monedas. “Ya vuelvo – le dijo a su esposo –guardo esto y nos vamos a cenar”.

Se dirigió al ascensor y cuando iba a entrar, vio que dos hombres estabana dentro. Ambos eran negros. Uno de ellos era grande, muy grande…una mole intimidante que presionaba el botón para mantener la puerta abierta.

La mujer quedó congelada en la puerta del ascensor. Su primer pensamiento fue: “Estos dos negros me van a robar”. Su siguiente pensamiento fue:“¡No seas racista, aparentan ser personas decentes!”. Pero sus estereotipos raciales eran muy poderosos y el miedo la mantuvo inmovilizada. Permaneció parada y mirando fijamente a ambos hombres.

Estaba angustiada, aturdida, avergonzada. Rogó que no pudieran leer sus pensamientos, pero seguramente ellos sabían lo que le estaba pasando: su vacilación en entrar al ascensor era demasiado obvia. Se sonrojó…no podía estar allí parada ante ellos, y con un gran esfuerzo dio un primer paso hacia el ascensor y luego otro y otro, hasta entrar. Evitando el contacto visual con ellos, se dio vuelta y quedó rápidamente de frente a la puerta con los negros detrás de ella.

Sus temores se incrementaron cuando la puerta se cerró…pero el ascensor no se movía. El pánico la consumía: “Dios mío – pensó – estoy atrapada ya punto de ser robada”. Su corazón latía apresuradamente. Sudaba por cada poro de su piel.

Luego, uno de los hombres dijo con voz fuerte :”¿¡Al piso…¿?”. Su instinto de supervivencia le aconsejó: “¡Haz lo que te digan; no pongas resistencia por una cubeta llena de monedas; piensa en tu integridad física!!!” Lanzó la cubeta hacia arriba, extendió sus brazos y se arrojó de cabeza sobre la alfombra del piso del ascensor y cerró sus ojos con firmeza. Una lluvia demonedas cayó sobre ella. Rogó a Dios que los dos negros tomaran las monedas y que no le hicieran daño. Pasaron un par de segundos que le parecieron interminables. Uno de los dos hombres le dijo cortésmente: “Señora, si nos dice a qué piso se dirige, presionaremos el botón correspondiente!”.

El que hablaba, apenas podía articular las palabras, estaba tratando de no soltar una carcajada. La mujer abrió los ojos, levantó la cabeza y miró a ambos negros. Le ofrecieron sus manos para ayudarla a levantarse. Confundida, trastabilló hasta lograr ponerse de pie. El más bajo de los dos le dijo: “Cuando le dije ¿¡al piso!?, quise preguntarle a qué piso se dirigía, no quise decir que Usted se arrojara al piso, señora…!

El hombre se estaba mordiendo los labios, pues a duras penas podía contener las carcajadas que se revolvían incontenibles en su interior. Ella pensó: “¡Dios mío, he hecho un enorme ridículo!” Estaba muy humillada para poder hablar. Deseaba disculparse pero no le salían las palabras. ¿Cómo se pide disculpas a dos respetables personas con quienes te comportas como si te fueran a robar?. No sabiendo qué decir, alcanzó a tartamudear el número de su piso.

Entre los tres recogieron las monedas y rellenaron la cubeta. Cuando el ascensor llegó al piso de la mujer, los dos hombres insistieron en acompañarla hasta su habitación. Ella caminaba inestablemente y los dos hombres temían que no lograra llegar hasta el final del corredor. Ya frente a la puerta de su habitación, le desearon “buenas noches”.

Mientras ella se escurría dentro de su cuarto, podía oír las enormes carcajadas de ambos hombres caminando hacia el ascensor. La mujer cepilló su traje, se peinó, logró calmarse y controlarse. Bajó a cenar con su esposo.

Al día siguiente, un ramo de flores llegó a su habitación, era una docena de rosas. La tarjeta del ramo decía: “Muchas gracias por habernos hecho reír, como no lo hacíamos desde hace varios años”.

La tarjeta estaba firmada por Shaquille O’Neal y Michael Jordan, las máximas estrellas multimillonarias de la NBA.