
Se ha dicho que todos los libros que necesitamos para convertirnos en personas tan exitosas, saludables, felices, positivas y habilidosas como queremos, ya han sido escritos. Tal vez no sea así, por cuanto todo lo que ha sido hecho es factible de ser mejorado, como afirmaba Thomas Alva Edison.
Lo concreto es que hoy disponemos de un enorme caudal informativo – en realidad estamos sobre-informados – y debemos ser selectivos con todo aquello con que alimentamos nuestras mentes.
Personas de todos los niveles, que han vivido las experiencias más increíbles, que han pasado de la miseria al desarrollo profesional, del más absoluto de los fracasos al éxito, han escrito y nos han ofrecido sus testimonios para que todos podamos compartir el tesoro de los conocimientos que han adquirido en esos procesos.
Nos han dado el regalo de su discernimiento para que, basándonos en los conocimientos que ellos adquirieron podamos formular nuestros planes, o modificarlos si fuera necesario, y de tal manera evitar los errores que ellos cometieron.
Y así como seguramente elegimos la calidad de los alimentos, de la comida para crecer y sobrevivir, también sería bueno informarnos y saber elegir el alimento para nuestras mentes y nuestros espíritus: los libros. Porque es necesario reconocer que así como existen comidas excelentes y comidas chatarra, en la literatura ocurre exactamente lo mismo: hay libros fundamentales, hay libros descartables e inclusive literatura basura.
También es importante saber discernir, en cada libro, aquellas partes útiles para nuestro desarrollo profesional, y aquellas que no agregan nada a nuestro crecimiento, o están desajustadas con nuestros valores. En cierta forma algunos libros son comparables a los CDs: compramos un CD de audio atraídos por un intérprete o determinados temas musicales, y sabemos, de antemano, que varias de las pistas son desechables, porque se han grabado como relleno y no agregan nada a la calidad artística del compacto.
Todos quienes desean tener una vida mejor, incorporar conocimientos profesionales que permitan innovar, crear y optimizar sus capacidades, no pueden darse el lujo de no leer los libros que poseen la información y la capacidad que ellos necesitan; esa literatura que puede causar un impacto en sus conciencias, hasta despertarlos para lograr un desenlace que producirá, en muy poco tiempo, un cambio positivo en sus negocios y en sus vidas.
Hay que tener conciencia que veinte minutos de lectura diaria producirá, en poco tiempo, un valioso caudal de información. De no hacerlo así, ese espacio libre será cubierto, inexorablemente, por la ignorancia.
Para que la lectura resulte beneficiosa y podamos atrapar los conceptos, comprender lo que leemos, interpretar y aplicar aquellos conocimientos que sean de utilidad para los negocios y la vida, hay un par de puntos a tener en cuenta:
• Elija las lecturas: Antes de invertir su dinero, hable con alguien que tenga sus mismos intereses, que persiga sus mismas metas, tal vez su jefe, su mentor o su líder, para saber qué comprar en determinada etapa de su desarrollo empresarial.
• No sirven los libros prestados: Un buen libro posee tal caudal de ideas, conceptos e información, que su sola lectura quizá no nos dejé más de un 10% - de acuerdo a lo que afirman los expertos. Un buen libro se debe poseer, disponer de él como material de consulta, leerlo por capítulos, releerlo, comentarlos con otras personas, señalar y resaltar las partes y los párrafos más destacables. En otras palabras: trabajarlos.
Los buenos libros deben ser exprimidos, se les debe sacar todo el jugo, toda su esencia y luego….implementarlos en la práctica. Más importante que saber, es saber qué hacer con lo que se sabe. Y no es un mero juego de palabras.
¿De qué nos servirían todas las ideas, los conocimientos, la inspiración que nos puede dar una buena lectura, si no ponemos en práctica aquello que hemos aprendido?
Podemos adquirir mucha información, ser una biblioteca ambulante, una verdadera enciclopedia con piernas, pero eso nos serviría de muy poco si no nos ponemos en acción y aplicamos lo que hemos incorporado a través de la lectura. No olvidemos que suele haber una considerable cantidad de “buenos habladores en los negocios” y que en realidad los únicos que triunfan son los auténticos “hacedores”. Eso mismo ocurre en todas las profesiones, en la administración como en el marketing, en la línea de producción como en el management.
Cuando se aplica lo leído, se le está confirmando a su línea dirigencial tanto como a sus subordinados, que Usted se está tomando muy en serio su negocio, y que se encuentra presto a continuar con su capacitación para desarrollarse e innovar permanentemente. Demostrar que se es un hacedor es un signo altamente positivo para cualquier compañía o emprendimiento personal, y su línea gerencial o de liderazgo querrá invertir su tiempo en Usted.
Por último, no olvidemos que el poco dinero y el tiempo que apliquemos a la capacitación, ya sea comprando un libro, un DVD o un CD, no debe considerarse un gasto sino una inversión. Una inversión en uno mismo. Finalmente, no piense cuánto le va a costar leer y capacitarse; piense cuánto le va a costar no hacerlo…!
Lo concreto es que hoy disponemos de un enorme caudal informativo – en realidad estamos sobre-informados – y debemos ser selectivos con todo aquello con que alimentamos nuestras mentes.
Personas de todos los niveles, que han vivido las experiencias más increíbles, que han pasado de la miseria al desarrollo profesional, del más absoluto de los fracasos al éxito, han escrito y nos han ofrecido sus testimonios para que todos podamos compartir el tesoro de los conocimientos que han adquirido en esos procesos.
Nos han dado el regalo de su discernimiento para que, basándonos en los conocimientos que ellos adquirieron podamos formular nuestros planes, o modificarlos si fuera necesario, y de tal manera evitar los errores que ellos cometieron.
Y así como seguramente elegimos la calidad de los alimentos, de la comida para crecer y sobrevivir, también sería bueno informarnos y saber elegir el alimento para nuestras mentes y nuestros espíritus: los libros. Porque es necesario reconocer que así como existen comidas excelentes y comidas chatarra, en la literatura ocurre exactamente lo mismo: hay libros fundamentales, hay libros descartables e inclusive literatura basura.
También es importante saber discernir, en cada libro, aquellas partes útiles para nuestro desarrollo profesional, y aquellas que no agregan nada a nuestro crecimiento, o están desajustadas con nuestros valores. En cierta forma algunos libros son comparables a los CDs: compramos un CD de audio atraídos por un intérprete o determinados temas musicales, y sabemos, de antemano, que varias de las pistas son desechables, porque se han grabado como relleno y no agregan nada a la calidad artística del compacto.
Todos quienes desean tener una vida mejor, incorporar conocimientos profesionales que permitan innovar, crear y optimizar sus capacidades, no pueden darse el lujo de no leer los libros que poseen la información y la capacidad que ellos necesitan; esa literatura que puede causar un impacto en sus conciencias, hasta despertarlos para lograr un desenlace que producirá, en muy poco tiempo, un cambio positivo en sus negocios y en sus vidas.
Hay que tener conciencia que veinte minutos de lectura diaria producirá, en poco tiempo, un valioso caudal de información. De no hacerlo así, ese espacio libre será cubierto, inexorablemente, por la ignorancia.
Para que la lectura resulte beneficiosa y podamos atrapar los conceptos, comprender lo que leemos, interpretar y aplicar aquellos conocimientos que sean de utilidad para los negocios y la vida, hay un par de puntos a tener en cuenta:
• Elija las lecturas: Antes de invertir su dinero, hable con alguien que tenga sus mismos intereses, que persiga sus mismas metas, tal vez su jefe, su mentor o su líder, para saber qué comprar en determinada etapa de su desarrollo empresarial.
• No sirven los libros prestados: Un buen libro posee tal caudal de ideas, conceptos e información, que su sola lectura quizá no nos dejé más de un 10% - de acuerdo a lo que afirman los expertos. Un buen libro se debe poseer, disponer de él como material de consulta, leerlo por capítulos, releerlo, comentarlos con otras personas, señalar y resaltar las partes y los párrafos más destacables. En otras palabras: trabajarlos.
Los buenos libros deben ser exprimidos, se les debe sacar todo el jugo, toda su esencia y luego….implementarlos en la práctica. Más importante que saber, es saber qué hacer con lo que se sabe. Y no es un mero juego de palabras.
¿De qué nos servirían todas las ideas, los conocimientos, la inspiración que nos puede dar una buena lectura, si no ponemos en práctica aquello que hemos aprendido?
Podemos adquirir mucha información, ser una biblioteca ambulante, una verdadera enciclopedia con piernas, pero eso nos serviría de muy poco si no nos ponemos en acción y aplicamos lo que hemos incorporado a través de la lectura. No olvidemos que suele haber una considerable cantidad de “buenos habladores en los negocios” y que en realidad los únicos que triunfan son los auténticos “hacedores”. Eso mismo ocurre en todas las profesiones, en la administración como en el marketing, en la línea de producción como en el management.
Cuando se aplica lo leído, se le está confirmando a su línea dirigencial tanto como a sus subordinados, que Usted se está tomando muy en serio su negocio, y que se encuentra presto a continuar con su capacitación para desarrollarse e innovar permanentemente. Demostrar que se es un hacedor es un signo altamente positivo para cualquier compañía o emprendimiento personal, y su línea gerencial o de liderazgo querrá invertir su tiempo en Usted.
Por último, no olvidemos que el poco dinero y el tiempo que apliquemos a la capacitación, ya sea comprando un libro, un DVD o un CD, no debe considerarse un gasto sino una inversión. Una inversión en uno mismo. Finalmente, no piense cuánto le va a costar leer y capacitarse; piense cuánto le va a costar no hacerlo…!
