
Se ha dicho repetidas veces que el hombre es un animal de costumbres; no está de más, por lo tanto, analizar un poco en qué consiste esto de los hábitos, y su relación con quienes comienzan a desarrollarse dentro del mundo de los negocios, particularmente en emprendimientos independientes.
Cuando llegamos al mundo no tenemos hábitos que nos ayuden o nos estorben para algo. Los hábitos se van desarrollando a medida que avanzamos en el camino de la vida, ya que un hábito es sencillamente una forma predeterminada de actuar en una cierta situación.
Los hábitos tienden, simplemente, a ahorrarnos el trabajo de pensar en cada cosa que debamos hacer. Hay situaciones de nuestra vida diaria que ya las hemos realizado infinidad de veces; desde vestirnos, asearnos, alimentarnos, hasta conducir un automóvil. Sería imposible tener que pensar previamente cómo hacer cada una de estas cosas, por la sencilla razón de que no nos alcanzaría todo el día para hacer todo lo que debemos hacer. Esas actividades habituales, entonces, las realizamos en “piloto automático”, sin pensar, porque resultaría agotador, ante cada situación, tener que estar pensando qué se va a hacer. Entonces tendemos a repetir aquellas conductas que en ocasiones anteriores nos han dado resultado, o por lo menos nos permitieron salir del paso. De esa forma se va construyendo un hábito.
Podemos decir, por lo tanto, que hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos. Ahora bien ¿estamos conformes con nuestra actual situación, o queremos mejorar nuestra forma de vida, cambiar nuestra economía, nuestra efectividad, nuestros ingresos, crecer? Todo cambio de rumbo en nuestras vidas significa reemplazar los viejos hábitos por otros que nos conduzcan hacia donde hoy queremos llegar.
Aquellos viejos hábitos que en determinada etapa de nuestras vidas fueron muy útiles y positivos, es probable que hoy, en un nuevo negocio o actividad, estén perturbando nuestro crecimiento, limitando nuestra forma de pensar y actuar. En otras palabras, que para cualquier actividad, para esta etapa de nuestras vidas, es posible que esos viejos hábitos ahora resulten nocivos y haya necesidad de cambiarlos, comenzando por cambiar algunas creencias. ¿Estamos dispuestos a realizar esos cambios…?
Es posible advertir que el ser humano promueve los cambios, y luego se resiste a ponerlos en práctica. También es común observar que muchas veces se proponen los cambios…¡para los demás! Es decir, que cada uno de nosotros quisiéramos hacer de la vida y del mundo, un guante a nuestra medida. Y sabemos que eso es imposible; como también es imposible pretender que los negocios y nuestros emprendimientos se ajusten a nuestros viejos hábitos, a nuestras antiguas costumbres y a nuestras creencias tal vez caducas.
Si afuera todo cambia permanentemente, ¿por qué resistirnos a cambiar nosotros? Siguiendo nuestros principios, respetando nuestros valores pero adecuándonos a una realidad circundante que nos propone nuevas formas de hacer negocios. En otras palabras, todo lo que contribuyó a nuestro éxito en el pasado, no nos garantiza que nos sirva en el futuro.
Cuando afrontamos el desafío de comprometernos en el mundo de los emprendimientos independientes, la mayoría proveníamos de diferentes actividades, profesiones y distintas experiencias de vida. Al encontrarnos con algo diferente a lo que estábamos acostumbrados, es inevitable sentir un impacto emocional. Comenzamos una actividad independiente que, en principio, hará que se alteren algunas – o muchas - de nuestras costumbres, nuestros hábitos adquiridos a través de varios años de tareas en relación de dependencia, o de inactividad, o tal vez de ocupaciones-profesiones que poco o nada tienen en común con el mundo de los emprendedores.
Muy difícil será prosperar en la actividad de los negocios si pretendemos seguir haciendo exactamente lo mismo que hacíamos antes de acometer un emprendimiento independiente. Recordemos lo expresado en el tercer párrafo de esta lectura: Hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos anteriores. La pregunta es: ¿Queremos más de lo mismo, o deseamos mejorar nuestra calidad de vida? Si la respuesta es que queremos mejorar, será inevitable tener que afrontar cambios y adquirir algunos hábitos nuevos que nos conduzcan en la dirección deseada.
Frecuentemente muchas de las personas que deciden cambiar sus actividades en relación de dependencia por algún tipo de emprendimiento personal, no interpretan cual es el sentido y la necesidad de cambiar sus viejos hábitos por nuevas formas de hacer negocios.
Ante una situación que les afecta negativamente, su reacción puede ser la de lamentarse y quejarse, culpar a alguien más y hasta de sentirse incapaces. Se pone así en evidencia la existencia de un hábito o patrón de conducta perjudiciales para esta nueva manera de hacer las cosas. Sin dudas ese hábito debe ser desalojado y sustituido por otro, apropiado a las nuevas exigencias. Este es un tema que da para mucho más que un solo artículo, y por lo tanto lo seguiremos tratando en próximas entradas. Mientras tanto, a modo de reflexión dejamos una frase del filósofo Lucio Séneca (4AC- 65DC) de su obra “De la brevedad de la vida”: “No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles”. ¡Hasta la próxima!
Cuando llegamos al mundo no tenemos hábitos que nos ayuden o nos estorben para algo. Los hábitos se van desarrollando a medida que avanzamos en el camino de la vida, ya que un hábito es sencillamente una forma predeterminada de actuar en una cierta situación.
Los hábitos tienden, simplemente, a ahorrarnos el trabajo de pensar en cada cosa que debamos hacer. Hay situaciones de nuestra vida diaria que ya las hemos realizado infinidad de veces; desde vestirnos, asearnos, alimentarnos, hasta conducir un automóvil. Sería imposible tener que pensar previamente cómo hacer cada una de estas cosas, por la sencilla razón de que no nos alcanzaría todo el día para hacer todo lo que debemos hacer. Esas actividades habituales, entonces, las realizamos en “piloto automático”, sin pensar, porque resultaría agotador, ante cada situación, tener que estar pensando qué se va a hacer. Entonces tendemos a repetir aquellas conductas que en ocasiones anteriores nos han dado resultado, o por lo menos nos permitieron salir del paso. De esa forma se va construyendo un hábito.
Podemos decir, por lo tanto, que hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos. Ahora bien ¿estamos conformes con nuestra actual situación, o queremos mejorar nuestra forma de vida, cambiar nuestra economía, nuestra efectividad, nuestros ingresos, crecer? Todo cambio de rumbo en nuestras vidas significa reemplazar los viejos hábitos por otros que nos conduzcan hacia donde hoy queremos llegar.
Aquellos viejos hábitos que en determinada etapa de nuestras vidas fueron muy útiles y positivos, es probable que hoy, en un nuevo negocio o actividad, estén perturbando nuestro crecimiento, limitando nuestra forma de pensar y actuar. En otras palabras, que para cualquier actividad, para esta etapa de nuestras vidas, es posible que esos viejos hábitos ahora resulten nocivos y haya necesidad de cambiarlos, comenzando por cambiar algunas creencias. ¿Estamos dispuestos a realizar esos cambios…?
Es posible advertir que el ser humano promueve los cambios, y luego se resiste a ponerlos en práctica. También es común observar que muchas veces se proponen los cambios…¡para los demás! Es decir, que cada uno de nosotros quisiéramos hacer de la vida y del mundo, un guante a nuestra medida. Y sabemos que eso es imposible; como también es imposible pretender que los negocios y nuestros emprendimientos se ajusten a nuestros viejos hábitos, a nuestras antiguas costumbres y a nuestras creencias tal vez caducas.
Si afuera todo cambia permanentemente, ¿por qué resistirnos a cambiar nosotros? Siguiendo nuestros principios, respetando nuestros valores pero adecuándonos a una realidad circundante que nos propone nuevas formas de hacer negocios. En otras palabras, todo lo que contribuyó a nuestro éxito en el pasado, no nos garantiza que nos sirva en el futuro.
Cuando afrontamos el desafío de comprometernos en el mundo de los emprendimientos independientes, la mayoría proveníamos de diferentes actividades, profesiones y distintas experiencias de vida. Al encontrarnos con algo diferente a lo que estábamos acostumbrados, es inevitable sentir un impacto emocional. Comenzamos una actividad independiente que, en principio, hará que se alteren algunas – o muchas - de nuestras costumbres, nuestros hábitos adquiridos a través de varios años de tareas en relación de dependencia, o de inactividad, o tal vez de ocupaciones-profesiones que poco o nada tienen en común con el mundo de los emprendedores.
Muy difícil será prosperar en la actividad de los negocios si pretendemos seguir haciendo exactamente lo mismo que hacíamos antes de acometer un emprendimiento independiente. Recordemos lo expresado en el tercer párrafo de esta lectura: Hemos llegado al punto de nuestras vidas en el cual nos encontramos, conducidos, guiados, dirigidos, gobernados por nuestros hábitos anteriores. La pregunta es: ¿Queremos más de lo mismo, o deseamos mejorar nuestra calidad de vida? Si la respuesta es que queremos mejorar, será inevitable tener que afrontar cambios y adquirir algunos hábitos nuevos que nos conduzcan en la dirección deseada.
Frecuentemente muchas de las personas que deciden cambiar sus actividades en relación de dependencia por algún tipo de emprendimiento personal, no interpretan cual es el sentido y la necesidad de cambiar sus viejos hábitos por nuevas formas de hacer negocios.
Ante una situación que les afecta negativamente, su reacción puede ser la de lamentarse y quejarse, culpar a alguien más y hasta de sentirse incapaces. Se pone así en evidencia la existencia de un hábito o patrón de conducta perjudiciales para esta nueva manera de hacer las cosas. Sin dudas ese hábito debe ser desalojado y sustituido por otro, apropiado a las nuevas exigencias. Este es un tema que da para mucho más que un solo artículo, y por lo tanto lo seguiremos tratando en próximas entradas. Mientras tanto, a modo de reflexión dejamos una frase del filósofo Lucio Séneca (4AC- 65DC) de su obra “De la brevedad de la vida”: “No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles”. ¡Hasta la próxima!
