
Todos quienes interactuamos en cualquier grupo social influimos sobre los demás, y a nuestra vez somos influenciados por las otras personas, en algún sentido. En el mundo empresarial y de los negocios el director, gerente o líder, ejercen influencia; mandos medios y supervisores influyen sobre los grupos que dirigen, y con mayor razón los líderes ejercen un importante grado de influencia sobre sus equipos de trabajo.
Y esa influencia, considerada en el terreno de las actitudes, es por lo general muy poderosa. La gente se contagia de las actitudes como se contagia de la gripe: por simple contacto. Uno de los pensamientos más fuertes que me viene a la mente, se centra en la enorme influencia que tiene la actitud de los líderes sobre las conductas de sus seguidores.
Todos conocemos esa ley elemental de la física, que dice que toda acción genera una reacción. Esa ley es aplicable también al campo de la influencia. Y en el caso de alguien que lidera un equipo de muchas personas, esa reacción se multiplica por el número de seguidores. Brindar una sonrisa retribuye con muchas sonrisas; molestarse y manifestar cólera y enojo, desatará mucha cólera y enojo en los demás.
Hace poco, leyendo una biografía, encontré algo que conocía pero que se me había olvidado: el famoso caso del atletismo, donde la imposibilidad de correr la milla en cuatro minutos era una verdad paradigmática inamovible. La tradición dice que los griegos soltaban leones para que persiguieran a los atletas creyendo que los harían correr más rápidamente.
También les hacían beber a los atletas leche de tigre, creyendo que con eso conseguirían fuerzas extraordinarias. Nada de lo que intentaban funcionaba., Se dieron cuenta de que era imposible que una persona corriese una milla (aproximadamente 1.600 metros) en cuatro minutos o menos. Y por más de mil años todo el mundo lo creyó y lo aceptó. Decían que nuestra estructura ósea no era apropiada. Que la resistencia al viento era demasiado fuerte. Que teníamos una capacidad pulmonar insuficiente. Habían encontrado miles de razones por las cuales no podía correrse la milla en cuatro minutos.
Entonces un hombre, un solo hombre, demostró que los médicos, los entrenadores, los atletas y los millones de corredores anteriores a él que lo habían intentado y fracasado, estaban equivocados. Y – milagro de milagros – el año siguiente en que Roger Banister rompió el récord de una milla en menos de 4 minutos, otros treinta y siete corredores lo hicieron también. Y el año siguiente a ése, otros trescientos deportistas corrieron la milla en menos de cuatro minutos.
En total, en dos años 338 deportistas habían bajado una marca que por siglos no lograba superarse. ¿Qué sucedió? No hubo realmente grandes avances en el entrenamiento. Ninguno descubrió como controlar la resistencia del viento. La estructura ósea humana y la fisiología no mejoraron de la noche a la mañana. Pero las actitudes humanas…si.
Usted puede alcanzar sus metas si cree en ellas y las formula como corresponde. ¿Quién puede decir que Usted es menos inteligente, capaz, decidido, que el resto de los mortales? No importa si alguien opina que Usted no puede hacerlo. Lo que importa, lo Ú-NI-CO que importa, es si Usted lo cree y lo pone de manifiesto.
Hasta que Roger Banister lo hizo, todos creíamos en la opinión de los expertos. Y los “expertos”, muchas veces continúan impidiendo que los demás lleguen a hacer efectivo todo su potencial ¿por qué? Porque los expertos tienen influencia. Porque una actitud de un director, gerente o de un líder es captada más rápidamente que sus acciones. Porque una actitud se puede expresar sin hablar una sola palabra.
La actitud de quien lidera un grupo, - y hablo de toda aquella persona que tenga aunque solo fuese una persona a quien liderar - produce efecto en la otra gente, y por esa razón es tan trascendente el equilibrio, la política del buen trato con los demás, la actitud apropiada, el comportamiento adecuado, la comprensión, la escucha activa y la empatía. No nos transformemos inconscientemente en esos “expertos” que tenemos una explicación para cada fracaso, porque seguramente aparecerán en nuestras vidas, como por arte de magia, muchos Rogers Banister que romperán nuestros paradigmas limitantes y nos demostrarán que la milla sí puede correrse en menos de cuatro minutos.

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