15 enero 2009

En Los Negocios Es Imperioso Saber Escuchar. (por Tomás Berriolo)


Pocas cosas hay en la vida de un ser humano tan poderosas como el deseo de ser comprendido. En realidad, más que un deseo, que se nos comprenda es una necesidad. Y cuando se nos escucha, significa que nos están tomando en serio, que nuestros sentimientos e ideas son considerados, que lo que decimos interesa, en definitiva que se nos está comprendiendo.

Escuchar es tan básico y elemental, que la mayoría de las veces lo damos por sentado, pero…lamentablemente gran parte de nosotros nos creemos mejores oyentes de lo que en realidad somos. La esencia del buen escuchar es la empatía, tratar de ponerse en el lugar del que habla, esforzarse por interpretar los sentimientos del otro, poner en funcionamiento no solamente el oído sino también la mente…y el corazón.

Frecuentemente suelo sugerir, especialmente en mis seminarios sobre Comunicación, que se consulte literatura relacionada con este tema, porque en el mundo de los negocios es imprescindible ser buenos comunicadores. La reproducción de ideas, conceptos, sugerencias y datos operativos es una constante en el mercadeo, cualquiera fuese el sistema empleado. Sabido es que líderes – y me refiero a todos quienes posean a tan solo una sola persona a quien liderar - que no realizan bien la transmisión de novedades, estímulos y promociones, no logran los mejores resultados.

“El marketing relacional es una gran asociación de personas intercambiando ideas, conocimientos, recursos e información. Su objetivo primario es alentar la comunicación entre los individuos, quienes de esa manera se convierten en verdaderos vehículos transmisores y hacen circular la información de la forma más rápida, segura y de más alto contacto que cualquier otro proceso comunicativo entre los seres humanos”, escribió John Naisbitt en el primero de sus best-seller de la serie “Megatendencias”. Y dio en el clavo, diez años antes que se desatara esta verdadera cadena del network ingresando en todos los ámbitos de la mercadotecnia global.

Siendo que la comunicación es esencial para el crecimiento de las personas y los equipos, comprendamos la trascendencia del buen escuchar. ¿Cómo podríamos saber la realidad actual y los sueños de nuestros prospectos, si no los escuchamos?; ¿cómo podríamos enterarnos de los problemas y necesidades de los usuarios y clientes, si no prestamos atención a sus palabras?; ¿de qué manera podríamos ayudar al crecimiento de las personas integradas a nuestros equipos, si no escuchamos sus dudas, sueños y objetivos?

El buen escuchar – un acto que debe ser recíproco - hace que nos conozcamos más y mejor; fortalece nuestras relaciones, establece vínculos fuertes, consolida nuestra propia identidad. Cuando tenemos delante nuestro a un oyente receptivo, nos abrimos y somos capaces de aclarar nuestros pensamientos ¡y descubrir lo que de verdad sentimos! Al explicar nuestras experiencias a alguien que nos escucha, terminamos escuchándonos mejor a nosotros mismos. ¿Se comprende ahora la trascendencia que tiene el diálogo, donde uno se expresa y el otro escucha, y cuando el otro habla nosotros escuchamos activamente? Consideren que diálogo significa hablar y escucharse entre dos o más personas, alternativamente. Cuando solo uno habla y no le permite ni abrir la boca al otro, eso es un monólogo.

Hay un cuentito que alguna vez escuché o leí por allí y repito en mis seminarios sobre comunicación, que viene bien para graficar algunas situaciones, especialmente para aquellos que “adoran escucharse” importándoles poco lo que opine su interlocutor.

Cuenta la historia que había un señor muy arrogante - que se pasaba todo el tiempo hablando de sí mismo – que invitó a un amigo a tomar una copa y conversar. El amigo respondió a su invitación, pero comenzó aclarándole: “Mira Juan, no hagas como siempre que te la pasas hablando todo el tiempo sobre tu mismo, sin darme chance a que yo me exprese”. Juan, el arrogante hablador, reflexionó unos momentos y le concedió: “Tienes razón; no me había dado cuenta y gracias por decírmelo. Te propongo entonces que me hables un poco de tí…Dime, ¿qué opinión tienes de mí…!?!?!?!?"

Al hablar, lo que todos queremos es que al menos no nos interrumpan. Algunas veces la gente parece estar escuchando pero se traiciona mirando hacia otro lado o – lo que es peor – compiten con tu propio problema contándote una experiencia similar corregida y aumentada, u ofreciéndote un consejo de compromiso – que uno no solicitó -, respondiendo así a su propia ansiedad sin prestar la mínima atención a lo que estás tratando de explicarle. Y nosotros, a nuestra vez, a menudo hacemos lo propio con quienes desean que los escuchemos ¿O nó…?

Las formas de comunicación se han tecnificado y - en lo personal - también me siento desconsiderado cuando dejo un mensaje en el contestador telefónico o el beeper de alguien y nunca me responde; cuando envío un e-mail que jamás obtiene respuesta. Y claro, las excusas para estos casos suelen ser infinitas; pero yo no las creo. Un mensaje puede perderse, un contestador puede fallar, pero no todas las veces. Además, la tecnología informática me avisa si mi mensaje ha sido recibido o no. Se acabaron las excusas. Y estas son las nuevas formas de no escuchar al otro, de no tomar en serio lo que expresa, de hacerlo sentir mal tal vez sin querer. Y para completarla, si no hacemos el mínimo esfuerzo por escuchar activamente, por responder como corresponde, perderemos el respeto y la confiabilidad que son las máximas cualidades que se requieren en cualquier negocio.

Fíjense entonces la importancia que tienen estas sencillas reflexiones para quienes transitamos en el mundo globalizado del network marketing, con una inmensidad de prospectos, usuarios, distribuidores y equipos de personas calificadas y aun aquellas a quienes debemos entrenar. Escuchar, contestar, responder, no solo tiene el propósito de asimilar y brindar información sino también de respetar y considerar a la otra persona; de tomarla en serio. No importa el nivel que tenga dentro de nuestro sistema de valores. El saber escuchar refirma y valida nuestras propias afirmaciones: si sabemos escuchar, seguramente también se nos escuchará.

Por fin, escuchar a otros es un valor ético, es una condición que significa tener un trato justo y amable con nuestros semejantes; escuchar forma parte de nuestro compromiso moral para hacer mejor el negocio, sobre la base de respetarnos unos a otros.

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