
“Si un hombre empieza con certidumbres, terminará con dudas; pero si admite empezar con dudas, terminará con certidumbres” (Francis Bacon, 1605)
Estamos transitando una etapa de la historia en la cual el aprendizaje y el conocimiento son moneda de pago de enorme valor. El aprendizaje y la formación conducen a un mejor rendimiento en todos los planos de un individuo, empresa, organización o negocio. Y ello se traduce en una inmensa ventaja competitiva para cualquier organización empresarial.
“Más rápido, más alto, más lejos”
En los mercados actuales, tan cambiantes e innovadores, la capacidad de aprender más rápido que la competencia, tendrá preeminencia competitiva sustentable sobre quienes no le presten mayor atención. Si analizamos un poco este concepto, concluiremos que las empresas de hoy en día tienen la opción de buscar ventajas competitivas en cuatro áreas principales:
- La mejor y más moderna tecnología
- La óptima calidad de sus productos o servicios
- Los sistemas de distribución más eficaces e innovadores
- La calidad y capacitación de su personal de planta y fuerza de ventas
Habrán advertido que no menciono el tema de los precios como una ventaja competitiva, porque cuando se producen y comercializan productos o servicios de excelencia, necesarios y con prestaciones eficaces, que pueden mejorar la calidad de vida de los usuarios, disponiendo de una fuera de ventas entusiasta, motivada y altamente capacitada, el precio pasa a segundo o tercer plano en la percepción del hoy exigente prospecto.
Si el conocimiento te parece costoso, quédate con la ignorancia que es absolutamente gratis.
Las organizaciones empresariales de éxito están comenzando a actuar en base al principio de la capacitación de su personal, invirtiendo mucho más en la formación y actualización de sus recursos humanos, que todo lo invertido y realizado en ese sentido en las dos décadas pasadas.
Y no culmina allí el concepto de capacitar más rápido y mejor, sino que se amplía con la estrategia – cada vez más aceptada y menos objetada – del aprendizaje permanente. A mi leal saber y entender, eso debería ser algo de lo más natural, porque si en la vida nunca se deja de aprender ¿por qué tendría que ser diferente en el mundo empresarial y de los negocios?
Toda la filosofía del aprendizaje organizacional permanente, que Peter Senge elaboró y expuso a principios de la década de 1990 (“La Quinta Disciplina”), por entonces algo exótico en el ambiente empresarial cuando él mismo comenzó a hablar de “aprendizaje sistémico”, hoy ya está siendo aceptado por casi todo el mundo.
Al afirmar que ese pensamiento es aceptado por casi todo el mundo, no me atrevería a asegurar que está siendo aplicado por todo el mundo. Solo puedo hablar de aquellas empresas que conozco en vivo y en directo. En la compañía que me desempeño actualmente, este es un tema prio-ri-ta-rio.
Una anécdota personal
Me permito relatar una anécdota personal que me tocó vivir durante un seminario sobre “Estrategias Innovadoras de Ventas”, brindado hace algunos años por Heinz Goldmann en Buenos Aires, ante un auditorio de más de 2.500 ejecutivos de empresa de Brasil, Chile, Uruguay y Argentina.
Habiendo hablado un buen rato de la importancia de la capacitación del personal y la fuerza de ventas, Heinz Goldmann pidió que se pusiesen de pie aquellos empresarios que realizaban al menos una capacitación anual con su personal; se paró aproximadamente un 50% de los asistentes. Luego pidió que permanecieran de pie quienes capacitaban a sus colaboradores al menos una vez por semestre; quedó de pie menos del 15%.
Prosiguió solicitando que quedasen de pie quienes brindaban capacitaciones al menos una vez al mes; aproximadamente permaneció de pie un 3% de los asistentes. Finalmente, profundizó solicitando que quedasen de pie quienes brindaban capacitaciones al menos una vez a la semana..! ¿Me creerán Ustedes si les digo que tan solo dos personas quedaron de pie, entre ellas quien esto escribe…? ¡Sobre más de 2.500!
Por una parte resultó para mí un enorme halago personal…y por la otra una acabada demostración del bajo interés empresarial para considerar la capacitación como un asunto prioritario. No olviden que en la primera ronda, el 50% de los empresarios reconoció – quedándose sentados – que no les brindaban capacitación a sus colaboradores ¡ni siquiera una vez al año!
Capacitar también es motivar
Conozco empresas que poseen una notable capacidad de innovar, aprender, enseñar y adaptarse rápidamente a los requerimientos del mercado. Que han captado el concepto del aprendizaje permanente con tanto entusiasmo y energía, que han obtenido resultados increíbles y hasta sorprendentes. Sería casi una obviedad mencionarlas, pero queda claro que son las empresas y organizaciones más exitosas.
Se ha hablado y escrito mucho sobre las maneras más diversas de motivar a los colaboradores: dinero, reconocimiento, obsequios. La motivación - ¿quién lo duda? – es una fuerza muy poderosa que motoriza el accionar de las personas. Pues bien, la capacitación es también una enorme fuente de motivación. La gente se siente considerada, valorada, estimulada e integrada.
Cuando se capacita a las personas, éstas se sienten parte integrante de un equipo, de algo mayor que sí mismas; le atribuyen un gran valor y tienen una poderosa sensación de pertenencia, de generar muchos más resultados que si lo hicieran individualmente. Adoptan una actitud de mayor compromiso y sienten que están aportando algo importante para la organización empresarial.
Analizar el éxito
Hay una vieja frase que afirma irónicamente “que el mayor territorio inexplorado del mundo es el espacio que hay entre nuestras orejas”. Esta afirmación es también inobjetable; los conocimientos de la mente, con la aparición cada vez más frecuente de nuevas ciencias de la conducta, como la PNL, la neurosemántica y el coaching ontológico, organizacional, ejecutivo y el counseling, nos ubican – o nos desubican – frente a las nuevas realidades.
Al decir “nos desubican”, me refiero al hecho de que ni bien aprendemos una nueva disciplina o ciencia del comportamiento, ya aparece otro enfoque que se suma y enriquece al anterior, y nos obliga a una constante adaptación, a estar siempre alertas actualizándonos, pues todas ellas, bien aplicadas, facilitan y potencian el desarrollo de nuestro desempeño, nuestros negocios y nuestro crecimiento personal.
Mi actuación en el mundo de los negocios, me ha enseñado que si bien es importante mantenerse atento al accionar de los mercados y la competencia, más importante aún es echar una mirada interior, indagar y explorar cómo podemos crecer, y no analizar únicamente las frustraciones sino también los éxitos. Cómo y porqué sucedieron. Cómo se pueden repetir y acrecentar. “Todo lo que ha sido hecho tiene una manera mejor de hacerse..… ¡descúbrela!”, escribió alguna vez Thomas Alva Edison.
En los negocios todos aprendemos y todos enseñamos, incluidos los clientes. Allí radica lo más apasionante de esta actividad, donde las personas son lo más importante, lo verdaderamente trascendente, donde se comparten valores, visiones y conocimientos. Donde podemos afirmar, como alguna vez lo dijo Lee Iacocca cuando acudió al salvataje de la Chrysler: “Por ese portón sale todos los días a la cinco de la tarde, el mayor capital que posee nuestra empresa: los seres humanos!”.

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